Zamba para no olvidar

Sara Waitman fue secuestrada junto a su pareja, Carlos Alberto “el Nona” D’ambra, el 20 de noviembre de 1976. Estuvo presa de manera clandestina en el Campo de la Ribera. Fue liberada luego de dos años y medio. Por Nacho Andino
Zamba para olvidar Sara Waitman por Ignacio Andino
Foto: Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos de Córdoba

Córdoba, Argentina, 17 horas del 20 de noviembre de 1976. La etapa más oscura de la historia de nuestro país empieza a dejar marcas. En la terminal de ómnibus espera Sara Waitman y su pareja, El Nona D’ambra. Una última mirada, un último abrazo.

Ambos son detenidos. Cae la noche. Son tirados boca abajo en un camión con destino a Campo de la Ribera. En este oscuro lugar de la capital cordobesa pasaron 4000 personas. Muchas de ellas hoy siguen desaparecidas.

Entonces nos llevan, me tiran en la galería, no sabía dónde estaba él, cuenta Sara. Tosía y tosía para ver si estaba cerca y que me escuche. No tenía noticias de El Nona.

Es domingo y amanece. El sol sale pero aquí siempre es oscuro. La sacan al patio a deshilachar un colchón. Quizás la cama de Sara durante tantos meses.

Sara y El Nona D’ambra se conocen estudiando educación física en el IPEF. En 1974, entraron a trabajar juntos en la escuela de verano del parque Las Heras. El 20 de abril de ese año se pusieron de novios.

Recuerda Sara que en la cocina de su casa escuchaban la canción “Zamba para olvidar” de Daniel Toro y que luego Mercedes Sosa terminó de instaurar en el imaginario popular argentino.  Es una canción que cuando la escucho produce muchos recuerdos, mucha tristeza. Nosotros, en ese momento la tocábamos juntos.

Los días en la cárcel pueden parecer todos iguales. La dimensión del tiempo se disipa y la vida ingresa en una meseta. A unos metros, en medio del silencio, se escucha un silbido. La memoria no se equivoca, es esa melodía: zamba para olvidar. Cuenta Sara: “dije este es El Nona. Por debajo de la venda empecé a girar la cabeza lentamente siguiendo el sonido. Comencé a toser para que dé cuenta. Por abajo lo veo en la zona de los calabozos. Silbaba para que yo percibiera que era él”. Ese domingo al mediodía nos llevan a comer. No probé bocado. Comenta Sara: “pensaba el valor que tenía las letras y más esa canción. El futuro que tuve, cuando dice ‘apretar las manos con tanto dolor, y ahora que me falta el sol que venís buscando’. Para mi significa tanto, en realidad es como que hubiese sabido que en un futuro, el dolor estvo toda la vida y va a estar. Uno a los desaparecidos no los olvida”.

Sara se emociona. Cuenta el relato como si fuese ayer. No olvida. Prometió esperarlo.

Recordar: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.

Había como unas escaleras, escucho que piden fuego. El Nona fumaba. Era él. Un gendarme me patea y me dice dale fuego. Extiendo la mano y le paso el encendedor sabiendo que está abajo. Lo agarra y me acaricia la mano. Sara no quería soltarla. Fue la última vez que estuvieron cerca.

El lunes siguiente a El Nona lo trasladan a la sala de tortura.

Sara aún espera.

Sara no olvida.

Jamás.

* Lenguaje inclusivo: El diario de la marcha es una construcción colectiva de la Comisión de Comunicación de la Mesa de Trabajo por los DDHH de Córdoba. Las notas, a su vez, fueron escritas por diferentes autorxs de manera individual y grupal. La publicación de las mismas se llevó a cabo respetando la libertad de decir y nombrar que nos abre el lenguaje inclusivo. Leerán notas que varían y mezclan el uso de x, e, as/os, masculinos, femeninos, y toda la diversidad del lenguaje existente y que estamos de/construyendo.     

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